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(un)heimlich

on Mié, 12/24/2014 - 17:36

El pasado día 12 de diciembre tuve el placer de inaugurar en mi ciudad natal mi exposición individual (un)heimlich, que resume el trabajo de este año y el anterior en una exposición íntima y directa. 

He querido utilizar los conceptos alemanes unheimlich y heimlich porque en español o gallego no existe traducción exacta y reflejan perfectamente lo que yo quiero decir y mis intenciones en mi obra. Podríamos hablar de unos antónimos que juntos equivalen a la inquietante extrañeza en lo familiar o cotidiano. 

Esto es lo que he querido reflejar en mis obras. Lo íntimo, como ya viene siendo habitual, y que al hacerse público revela su vulnerabilidad más absoluta. 

Aquí os dejo, porque me encanta, el texto curatorial escrito por el poeta Miguel Ángel Curiel, amigo y partícipe del proceso de creación de la muestra. Él lo ha querido titular Alegorías y memoria:

Ahora que el arte ha entrado en sus estertores lúcidos, o en cansancio que ya preconizaba la posmodernidad, y sobrevive en el mundo vaciado de la ocurrencia, que es la diabólica anorexia de la imaginación, por un lado un juego vacuo y naïf y por el otro una deconstrucción del espíritu humano en grado sumo, apoyado en textos hermenéuticos sin salida, en el lenguaje de una filosofía mas heredera de la metafísica que en la del descernimiento benjaminiano. En el cansancio finisecular que ya pintó la posmodernidad, agregando todo tipo de géneros al arte, o subgéneros, aún podemos encontrar la esfera empañada con vaho humano y la mano que tiembla a su lado, en la sombra el ala  transparente del ángel, de una luz extraña. El objeto se deshumanizó en la ilusión de la banalidad. Gema López, Lugo, 1987, es la resistencia humanista a esa vorágine insustancial, una partisana contra la dictadura del tanteo y de la ocurrencia mas o menos genial, y del “bluf” del arte actual. La mirada, los ojos del artista han desaparecido en el espacio intertextual de luces planas y artificios. Gema López se lo juega todo a su mirada y a su mano. El hilo que va de sus ojos a su mano es la mirada tensa que penetra la piel hasta el jardín del yo, y el cuerpo humano en toda su extensión, y como caverna o gruta de la existencia, un territorio absorto y luminoso, donde el yo se transmuta en el tú. Artista radical en el sentido más humano, pues aún resiste en esos parámetros de la perspectiva, de la tela y la tabla, como una renacentista de la posmodernidad, donde su espacio narrativo se acrecienta en la alegoría de los vencidos de nuestro tiempo baldío. Ahora no como espacio de la luz, sino de una dimensión aún más lumínica del sueño claro que acontece aún dentro del ser humano. Artista de mano delicada y a la vez enérgica para el verdadero color del alma. Como resistente, artista siempre en crecimiento y evolución. Una pintora de la estirpe de Leonora Carrington, Maruja Mallo y Frida Kahlo, la mujer donde el cuerpo de la mujer es un mapa del alma en el cuerpo del otro. De una extraña poética que narra con suavidad en el lienzo historias de incomunicación o de dispersión de los cuerpos atemorizados o rotos en el flotante mundo de las experiencias. Impotencia ante la incomunicación de nuestro tiempo, donde la palabra no es mas que un instrumento de banalización, y lo que hiere y vacía al mismo lenguaje de espiritualidad, desentrañando aún más el espacio para llenarlo de una luz extraña, la luz que desentraña los cuerpos y mana de la materialidad anímica. Una luz consustancial, no solo atmosférica, sino residual del alma humana. Gema López traza miradas deshumanizadas en cuerpos agotados. Miradas devastadas por la nada o el todo de la vida, que fluye de las paredes y de los espacios abiertos, miradas deslocalizadas del mundo sin que hayan sido testigos del hongo nuclear y del pájaro de acero llamado Enola Gay, o las Todfabriken, y sin embargo en sus narraciones de color, sombra, luz y claroscuros todos los personajes parecen recluidos en una mirada ya fuera del mundo, ojos agotados de penetrar el presente, o un mundo humano en descomposición. Eso es lo que hace que la obra de Gema López tenga ese prurito de universalidad que hace que una obra de arte se sobreponga a una marcada territorialidad. Obra transversal y atemporal. Un jardín de vísceras donde habita el Sturm y la tragedia de la alegoría. Sus retratos son inquietantes, o a veces demasiado nutridos por el dolor y donde se puede atisbar con facilidad el calor de las vísceras latiendo aún en la vida. Miradas rotas que la artista recompone o da vida en esa alegría melancólica y  pura de los supervivientes. Una luz que envuelve, como un regalo para el mundo, los cuerpos y las miradas. Cuerpos que entonces se iluminan a sí mismos, como si la vida fuera en la tragedia del amor o de la incomunicación una fuente de energía capaz de sacar calor y luz de dentro de lo que somos. O también esa serie magnifica, en la que un rostro recoge los posibles rostros de los otros en una metamorfosis del yo hacia el tú. Una pintura en cierta manera heideggeriana, en el sentido de que el dasein se desintegra en el tú contra el yo, en una dialéctica de la mirada que no sólo expresa el abatimiento del yo, sino del todo tú posible, y donde el nosotros solo existe dentro de esa dialéctica pura del tú y el yo. La obra de Gema López está llena de esta poética del sumun, y ninguna de sus narraciones pictóricas persigue lo virtuoso per se, o el manierismo de una perfección que lleva al vacío; todo lo contrario, sus cuadros mantienen siempre viva la vida de su personalísima manera de entablar esa relación con la tabla y el lienzo, que dice y no desdice, que narra el instante nuclear de toda ruptura con el tiempo y la existencia. Una poética de la desilusión llena de claridad absorbente, una mujer que confía toda su fuerza a un arte de la resistencia y de la belleza, y donde la belleza es extraña porque es universal y totalizadora. Y sino esa magnifica obra suya  de su etapa anterior que a mí me inspiró tanto, y que esta vez no encontraremos colgada en esta exposición. “Píramo y Tisbe” donde la tragedia amorosa busca una salvación vegetal, una salvación en el mundo aún no corrompido, un yo que es tomado por lo vegetal como forma de purificar el silencio del tú que entablan dos seres desahuciados por los dioses.

Podréis visitar la exposición hasta el próximo 12 de enero, en horario de 9:30 a 13:30 y de 16:30 a 19:30 de lunes a viernes, en la Galería Iskoö con dirección en calle Ciudad de Vigo, 11, entresuelo, Lugo.